Cuando criticar es más fácil que gobernar
“La izquierda critica porque nunca ha tenido que decidir. El Gobierno decide porque no puede darse ese lujo“


En Puerto Rico se ha instalado una nueva forma de “fiscalización” que, lejos de fortalecer el debate público, lo empobrece. La misma se caracteriza por criticar todo, se cuestiona todo, pero rara vez se propone algo. Se señalan errores sin explicar cómo corregirlos. Se exige perfección sin asumir responsabilidad alguna. Esa no es fiscalización responsable, es ruido político disfrazado de virtud cívica.
Fiscalizar requiere más que denunciar. Requiere analizar, comparar alternativas y proponer cursos de acción viables. Cuando la crítica no va acompañada de propuestas concretas, no nutre el debate democrático ni contribuye a mejorar la gestión pública. Por el contrario, genera desconfianza, desalienta la toma de decisiones y crea la falsa impresión de que gobernar es un ejercicio simple que solo falla por incapacidad o mala fe.
Por décadas, sectores de la izquierda en Puerto Rico han hecho de la crítica permanente su único rol político. Son sectores que nunca han gobernado, nunca han tenido que administrar un presupuesto, nunca han tenido que firmar contratos, adjudicar subastas o enfrentar las consecuencias reales de una decisión pública. Desde esa distancia cómoda, opinan como si gobernar fuera un ejercicio teórico, sin costos, sin renuncias y sin riesgos.
Es ahí donde radica el verdadero privilegio político, no tener que decidir. Quien nunca ha cargado con la responsabilidad de escoger entre opciones imperfectas puede darse el lujo de “tener todas las soluciones”. Desde las gradas, todo parece sencillo. Desde la función pública real, casi nada lo es. Gobernar obliga a priorizar, a renunciar y a decidir aun cuando la decisión no sea popular.
Debo añadir que desde la neutralidad que promueven nose genera crecimiento ni desarrollo. La neutralidad mantiene todo en pausa. Ninguna economía avanza, ninguna sociedad se transforma y ningún gobierno produce resultados quedándose inmóvil por miedo a decidir. El progreso económico, institucional y social, es siempre consecuencia de decisiones concretas, no de la comodidad de no tomar postura.
Ese contraste se observa con claridad en la forma en que ha actuado la Gobernadora, Jenniffer González Colón. Lejos de instalarse en la neutralidad o en la crítica fácil, ha optado valientemente por ejercer el poder y asumir el costo que ello conlleva. Ha tomado decisiones difíciles con la convicción de que gobernar consiste en mover al Estado, no en administrarlo desde la inmovilidad, y en hacer lo que entiende correcto para Puerto Rico, aun cuando ello implique desgaste político inmediato.
Puerto Rico no necesita más críticos profesionales ni fiscalización indiscriminada. Necesita debates serios, propuestas concretas y liderazgo dispuesto a decidir. El control democrático no se ejerce gritando más alto, sino pensando mejor. El mérito político no está en señalar desde la grada, sino en atreverse a entrar al terreno, tomar decisiones y asumir sus consecuencias.


