[EDITORIAL] Esencia: una oportunidad que Puerto Rico debe aprovechar
La inversión privada de más de $2,000 millones puede transformar la economía del suroeste
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El anuncio de que el proyecto Esencia recibió aprobación para avanzar representa una noticia positiva para Cabo Rojo, la región suroeste y todo Puerto Rico. Se trata de una inversión privada superior a los $2,000 millones con el potencial de generar empleos, estimular empresas locales y ampliar significativamente la oferta turística de la isla.
Puerto Rico lleva demasiado tiempo reclamando inversión, oportunidades para sus jóvenes y actividad económica fuera de la zona metropolitana. Cuando finalmente surge una propuesta de esta magnitud, respaldada por capital privado y marcas internacionales reconocidas, la respuesta no puede ser levantar una muralla antes de colocar la primera piedra.
Según sus desarrolladores, Esencia podría generar más de 17,000 empleos directos, indirectos e inducidos y sobre $7,000 millones en actividad económica a largo plazo. Son proyecciones que deberán demostrarse con resultados, pero reflejan la extraordinaria dimensión de la oportunidad que tiene ante sí el suroeste.
El proyecto contempla 500 habitaciones y suites hoteleras, 1,200 residencias, restaurantes, comercios, instalaciones deportivas, una escuela bilingüe y un centro médico y de bienestar. También integrará hoteles de marcas como Mandarin Oriental y Rosewood, capaces de posicionar a Puerto Rico dentro de un segmento turístico de alto poder adquisitivo.
Esto no beneficiaría únicamente a grandes inversionistas. Un proyecto de esta escala requiere trabajadores de la construcción, ingenieros, arquitectos, suplidores, transportistas, agricultores, comerciantes, empresas de mantenimiento, restaurantes y cientos de servicios profesionales. Su impacto puede extenderse mucho más allá de los límites de la propiedad.
Cabo Rojo y los municipios vecinos merecen acceso a ese crecimiento. El desarrollo económico de Puerto Rico no puede continuar concentrado casi exclusivamente en San Juan y su área metropolitana. El oeste y el suroeste también necesitan inversión, infraestructura y oportunidades capaces de retener a sus residentes y atraer nuevas generaciones.
Eso no significa entregar un cheque en blanco. Esencia deberá cumplir rigurosamente con cada permiso, condición ambiental y compromiso asumido. El Gobierno tiene la responsabilidad de proteger los recursos naturales, garantizar los accesos públicos a las playas, vigilar el manejo del agua y exigir que las promesas de conservación se conviertan en acciones verificables.
Los desarrolladores aseguran que más del 75% de los terrenos estará destinado a conservación, espacios verdes, recreación y áreas comunitarias. También proponen restaurar humedales, rehabilitar dunas y manglares, operar con energía renovable y desarrollar infraestructura propia para el manejo del agua.
Esos compromisos deben fiscalizarse, pero también deben ser considerados con seriedad. No resulta justo declarar que todo desarrollo es incompatible con la conservación, incluso antes de evaluar si sus medidas ambientales funcionan. Preservar nuestros recursos no significa condenar regiones enteras a la inmovilidad económica.
En Puerto Rico se ha desarrollado una cultura del “no” que convierte cada inversión importante en una batalla ideológica. Se protesta contra los proyectos, contra los permisos y contra los incentivos, pero después se reclama por la falta de empleos, la emigración de los jóvenes y el abandono de nuestras comunidades.
El verdadero desafío consiste en lograr que Esencia cumpla lo prometido: empleos para residentes de la región, contratos para empresas puertorriqueñas, acceso público a las playas, protección de los ecosistemas y una infraestructura que no imponga cargas adicionales sobre las comunidades cercanas.
La aprobación no debe representar el final de la fiscalización, sino el comienzo de una etapa de supervisión responsable. Pero fiscalizar no significa obstaculizar, ni proteger significa prohibir cualquier transformación.
Puerto Rico necesita demostrar que puede atraer inversiones de clase mundial y ejecutarlas correctamente. Necesita enviar el mensaje de que aquí existe espacio para desarrollar, conservar y crear oportunidades simultáneamente.
Esencia merece la oportunidad de demostrar que ese equilibrio es posible. El suroeste merece crecer y Puerto Rico no puede darse el lujo de cerrarles las puertas a $2,000 millones en inversión privada, miles de empleos y una nueva plataforma de desarrollo turístico.
El futuro económico de la isla no se construirá desde el miedo ni desde la oposición automática. Se construirá con inversión, planificación, fiscalización y confianza. Esencia puede ser parte importante de ese nuevo futuro.
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