[EDITORIAL] Luis Dávila Colón: un micrófono al servicio de la Estadidad
“No ha sido simplemente un comentarista de la historia política de Puerto Rico. Ha sido parte de ella”
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Luis Dávila Colón. Foto: Suministrada

Ayer no fue un día cualquiera para quienes creen en la democracia, en el debate de ideas y en la lucha por la igualdad para Puerto Rico. Ayer, Luis Dávila Colón recibió dos reivindicaciones de enorme peso simbólico: una institucional y otra judicial. El Senado de Puerto Rico designó con su nombre su Estudio de Grabación y creó el Programa de Internado Legislativo de Comunicaciones Luis Dávila Colón, reconociendo más de cinco décadas de trayectoria como abogado, autor, analista, comentarista y una de las voces más influyentes del análisis político puertorriqueño.
Ese homenaje no debe verse como una simple ceremonia. Nombrar un estudio de grabación con el nombre de Luis Dávila Colón es reconocer que la comunicación política en Puerto Rico no se explica sin su voz. En la radio, en la televisión, en la prensa escrita y digital, redes sociales, en sus libros y en el comentario diario, Dávila Colón ha sido más que un analista: ha sido un combatiente intelectual de la Estadidad, un fiscalizador y un defensor incansable de la igualdad de derechos para los puertorriqueños.
La Estadidad ha tenido líderes electos, plataformas, campañas y plebiscitos. Pero también ha tenido voces que, desde el micrófono, han sostenido el ideal cuando otros callaban; voces que han denunciado el colonialismo cuando muchos preferían administrarlo; voces que han enfrentado el prejuicio y la comodidad del “status quo”. Entre esas voces, la de Luis Dávila Colón ocupa un lugar singular.
Por eso, el reconocimiento del Senado tiene valor histórico. No honra solamente a un hombre; honra una trayectoria que ha insistido en que Puerto Rico no puede resignarse a la desigualdad política. Honra a quien entendió que la comunicación no es adorno de la democracia, sino una de sus herramientas esenciales. Honra a quien, con estilo frontal, con verbo punzante y con convicciones firmes, convirtió el análisis político en una arena viva donde el ciudadano común podía escuchar, disentir, indignarse, aprender y participar.
También ayer, y durante la actividad en el Senado, el analista anunció que el Tribunal Supremo de Puerto Rico dejó final y firme la sentencia que responsabiliza a Univisión Puerto Rico por incumplimiento de contrato y libelo contra éste, al rechazar intervenir en el caso y quedar agotadas las vías de revisión judicial sobre la responsabilidad. Los tribunales concluyeron que las imputaciones difundidas por la empresa eran falsas, que Dávila Colón no incurrió en conducta que justificara la cancelación anticipada de su contrato y que los comunicados tuvieron capacidad de afectar su reputación.
Esa determinación judicial no borra los años de batalla, pero sí restituye algo fundamental: el derecho a la verdad y a la reputación. En una época en que la cancelación suele correr más rápido que la evidencia, el caso de Dávila Colón recuerda que la justicia no puede depender del ruido del momento. El Tribunal de Apelaciones confirmó unánimemente la determinación y el Supremo la dejó intacta; ahora el pleito continúa únicamente para determinar los daños reclamados por perjuicios a su reputación, sufrimiento emocional y otros daños derivados de la difamación.
Defender hoy a Luis Dávila Colón no significa exigir unanimidad con cada una de sus expresiones ni negar que su estilo ha sido, muchas veces, controversial. Precisamente porque ha sido una figura intensa, frontal y combativa, el reconocimiento tiene más valor. Las democracias maduras no honran solamente a quienes hablan suave; honran también a quienes obligan a pensar, a responder, a argumentar y a no esconderse detrás de consignas.
Luis Dávila Colón ha pagado el precio de tener convicciones inalterables. Ha defendido la Estadidad no como una consigna partidista pasajera, sino como una causa de igualdad. Ha usado el micrófono para recordar que Puerto Rico no debe conformarse con ser menos que los demás ciudadanos americanos en los estados.
Que un programa de internado legislativo en comunicaciones lleve su nombre es, además, una apuesta al futuro. Los jóvenes que pasen por esa experiencia aprenderán que comunicar no es simplemente hablar bonito ni repetir que algunos digan. Comunicar exige estudiar, verificar, preguntar, resistir presiones y tener carácter. El programa, adscrito a la Oficina de Comunicaciones y Prensa del Senado, ofrecerá práctica en redacción, cobertura legislativa, producción audiovisual, redes sociales, podcasts y estrategias de comunicación multiplataforma.
Ese es quizás el homenaje más profundo: convertir una trayectoria en escuela. Porque la vida profesional de Dávila Colón enseña que la comunicación pública requiere preparación, memoria histórica y valentía. Enseña que un micrófono puede ser instrumento de poder, pero también de fiscalización. Enseña que una causa política, cuando se defiende con persistencia, puede sobrevivir campañas, ataques, cambios de emisora, pleitos judiciales y el desgaste natural de los años.
Puerto Rico puede discrepar de Luis Dávila Colón, pero no puede ignorarlo. Sus adversarios pueden combatir sus argumentos, pero no pueden borrar su impacto. Sus críticos pueden cuestionar su tono, pero no pueden negar que ha sido una de las voces más constantes y reconocibles del análisis político puertorriqueño.
Para quienes creen en la Estadidad, en la libertad de expresión y en la batalla de las ideas, quedó claro que Luis Dávila Colón no ha sido simplemente un comentarista de la historia política de Puerto Rico. Ha sido parte de ella.


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