[EDITORIAL] Un nuevo comienzo para Jenniffer González
La reorganización de La Fortaleza debe convertirse en un punto de inflexión que devuelva la discusión pública a lo verdaderamente importante
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Gobernadora Jenniffer González. Foto de archivo

Los momentos difíciles no necesariamente destruyen una administración. Lo que puede hacerle verdadero daño es la incapacidad para tomar decisiones, corregir el rumbo y continuar gobernando.
La salida anunciada de Francisco Domenech e Itza García representa uno de esos momentos decisivos para la gobernadora Jenniffer González Colón. Más que el cierre de una controversia, debe ser vista como la oportunidad de comenzar una nueva etapa administrativa, reorganizar su equipo y concentrar todos los esfuerzos de La Fortaleza en cumplir los compromisos asumidos con el pueblo.
La investigación del Panel sobre el Fiscal Especial Independiente debe continuar sin interferencias y respetando plenamente el debido proceso. Hasta el momento no existe una determinación de culpabilidad contra los funcionarios incluidos en la pesquisa. Permitir que las instituciones cumplan con su responsabilidad es perfectamente compatible con mantener en marcha la obra gubernamental.
Gobernar también significa reconocer cuándo una controversia comienza a consumir el espacio que debería ocupar la agenda pública. Significa tomar decisiones difíciles, incluso cuando involucran a personas cercanas o funcionarios que han tenido responsabilidades importantes dentro de una administración.
Con su determinación, la gobernadora tiene ante sí la oportunidad de demostrar que ningún funcionario está por encima de la obra y que el Gobierno es mucho más grande que cualquier nombre particular.
Este puede ser un nuevo comienzo para Jenniffer González.
Pero ese nuevo comienzo no puede limitarse a un cambio de funcionarios. Debe traducirse en una estructura más ágil dentro de La Fortaleza, líneas claras de responsabilidad, mayor comunicación y un seguimiento riguroso de los proyectos que afectan directamente la vida de los puertorriqueños.
La oposición intentará prolongar la controversia y convertirla en la única narrativa posible sobre esta administración. Fiscalizar es legítimo y necesario en una democracia. Sin embargo, la fiscalización no puede transformarse en una estrategia permanente para paralizar al Gobierno o ignorar deliberadamente los resultados alcanzados.
Puerto Rico enfrenta demasiados problemas como para permanecer atrapado indefinidamente en el ruido político.
La administración sostiene que durante sus primeros 19 meses consiguió dos presupuestos balanceados certificados por la Junta de Supervisión Fiscal, adelantó la publicación de estados financieros auditados, implantó el sistema financiero centralizado Íntegra y fortaleció la coordinación de los proyectos de reconstrucción. También ha iniciado el proceso judicial para cancelar el contrato de LUMA Energy y buscar un nuevo operador para el sistema eléctrico. La Fortaleza atribuyó igualmente a las nuevas normas de contratación una reducción de $904.2 millones en el gasto gubernamental.
A ello se suman los proyectos de carreteras, puentes y acueductos; el fortalecimiento de programas educativos; el pago de obligaciones pendientes con maestros y policías; y las inversiones que comienzan a reflejarse en diferentes municipios. Recientemente, doce alcaldes destacaron la coordinación con el Gobierno central y reclamaron que las controversias no oculten la obra que está llegando a sus comunidades.
Esa obra debe continuar, acelerarse y, sobre todo, completarse.
La mejor defensa de la gobernadora no estará en los discursos, los respaldos políticos ni las confrontaciones. Estará en las carreteras reparadas, los proyectos de agua terminados, las escuelas mejoradas, la reconstrucción acelerada, un sistema eléctrico confiable y un Gobierno que responda con eficiencia a las necesidades de la gente.
Jenniffer González fue elegida para tomar decisiones y producir resultados. La determinación anunciada demuestra que está dispuesta a hacer cambios cuando las circunstancias lo requieren. Ahora le corresponde utilizar este momento para renovar su administración, recuperar la iniciativa y hablarle a Puerto Rico mediante la obra.
Un nuevo comienzo no significa borrar lo ocurrido. Significa aprender, corregir y avanzar.
Que las investigaciones continúen. Que cada funcionario responda por sus actuaciones. Pero que también el Gobierno gobierne.
Puerto Rico no puede detenerse por controversias, intereses particulares o luchas internas. La prioridad debe ser la gente y la obra que todavía queda por realizar.
La gobernadora tiene ahora la oportunidad de abrir una nueva etapa. Debe aprovecharla con firmeza, transparencia y sentido de urgencia.
Puerto Rico tiene que estar por encima de los nombres, las disputas y el ruido. Es momento de reenfocar el Gobierno y dejar que la obra hable.
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