Cuando la Gratitud se Hace Mesa: Un Llamado a Compartir
“Este Día de Acción de Gracias, pregúntate: ¿qué puedo dar?, ¿a quién puedo invitar?, ¿quién necesita sentir que aún pertenece?”


El Día de Acción de Gracias siempre ha tenido un significado especial: es una pausa intencional en medio de la rutina para mirar alrededor y agradecer que tenemos tanto aunque no lo podamos ver de primera intención, y que aun, en tiempos difíciles y retantes, hemos permanecido en pie. Para muchos, es un día lleno de mesas decoradas, conversaciones amenas y el aroma inconfundible de la comida recién preparada. Para otros, es un día que le recuerda que algo falta: la compañía de un ser querido, que no hay para comer o que no hay con quién recordar las anécdotas familiares.
Tener a tus seres amados a tu lado, escucharlos hablar, compartiendo la mesa, es de un valor incalculable que muchos no saben cuánto vale hasta que no lo tienen. Se da por sentado y pasa desapercibido el valor de lo más importante porque sucede en lo cotidiano. Más que un banquete, la riqueza del Día de Acción de Gracias está en la compañía y el amor que se comparte como un acto de agradecimiento.
La abundancia no es únicamente un asunto de recursos materiales. Abundancia es tener un corazón dispuesto, una silla vacía que se puede llenar, un poco más de tiempo para escuchar, una historia que contar o un abrazo que ofrecer. Es entender que lo que verdaderamente nos enriquece es lo que damos, no lo que retenemos. Y es precisamente en esta temporada que somos llamados a recordar que la gratitud se expresa mejor cuando se traduce en servicio y en solidaridad.
En Puerto Rico, cientos de adultos mayores viven solos. Algunos han perdido a sus seres queridos; otros ven pasar los años sin visitas, sin llamadas, sin la compañía humana que da sentido a los días. Ningún ser humano debería sentarse solo a la mesa el Día de Acción de Gracias… ni cualquier otro día que simbolice unión, familia y propósito.
Por eso, la iniciativa “Siéntalo a tu Mesa” de la Oficina para el Desarrollo Socioeconómico y Comunitario (ODSEC) llega en el momento perfecto. Esta campaña invita a las familias puertorriqueñas a abrir su hogar, su mesa y su corazón para recibir a un adulto mayor que no tenga con quién compartir ese día tan significativo. No se trata únicamente de ofrecer un plato caliente, aunque eso también es valioso, sino de regalar algo que no tiene precio: el calor de una familia, una conversación sincera, el sonido de la risa que acompaña el tener la casa llena, la sensación de pertenecer.
Cuando una familia abre un espacio en su mesa, abre también un espacio en su vida. Y ese gesto marca una diferencia profunda. A veces, el acto más transformador no se encuentra en los grandes programas ni en los discursos formales, sino en la sencillez de una silla adicional. Ese gesto puede sanar soledades, despertar esperanzas y recordar a un ser humano que aún es importante, que todavía tiene un lugar, que sigue siendo parte de alguien o algo, que es valioso y apreciado.
Acción de Gracias es un día que nos invita a agradecer a Dios por tanto que nos ha dado y por el valor incalculable de la familia y los amigos. Si dentro de nosotros podemos encontrar gratitud por esto, podemos también transformarla en propósito. El propósito de construir comunidad, de acompañar, de abrazar al que ha sido pasado por alto por la prisa y las circunstancias. También propósito es entender que cada acto de bondad multiplica las bendiciones porque, al final del día, no es con lo que nos quedamos lo que nos hace sentir privilegiados, sino lo que compartimos con el necesitado.
Si dando es como se recibe, entonces podemos convertir nuestra mesa en un puente de abundancia para aquellos que necesiten nuestra casa como refugio ante la soledad. Compartir nunca hará a alguien más pobre; por el contrario, nos hace apreciar lo mucho que tenemos, tanto que podemos llenar nuestras necesidades y nos sobra para compartir. Ese es el significado de la abundancia.
Este Día de Acción de Gracias, pregúntate: ¿qué puedo dar?, ¿a quién puedo invitar?, ¿quién necesita sentir que aún pertenece? Tal vez la abundancia que Dios te ha dado este año fue precisamente para que pudieras compartirla.
Y este año, una silla adicional puede convertirse en el regalo más significativo de todos.


