[EDITORIAL] AOC, Velázquez y Mamdani: la izquierda vuelve a imponer su libreto sobre Puerto Rico
La izquierda usa el orgullo boricua para vender causas sin respaldo mayoritario de los puertorriqueños
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Foto: Redes sociales

El Desfile Nacional Puertorriqueño en Nueva York debería ser una celebración de nuestra cultura, nuestra historia, nuestra bandera, nuestra música, y el orgullo de millones de boricuas que, dentro y fuera de la isla, mantienen vivo el vínculo con Puerto Rico.
Pero una vez más, figuras de la izquierda han intentado convertir ese espacio cultural en una tarima política para adelantar causas que no representan el sentir mayoritario de los puertorriqueños que viven en la isla.
El ejemplo más reciente fue la presencia de figuras como Alexandria Ocasio Cortez y Nydia Velázquez con mensajes contra el proyecto Esencia en Cabo Rojo, bajo la consigna “Esencia No Va”. Se trata de un proyecto de desarrollo que ha sido atacado por sectores de izquierda con el mismo libreto de siempre: oponerse a la inversión privada, demonizar el desarrollo económico y presentar como amenaza cualquier iniciativa que pueda generar empleos, actividad turística y movimiento económico fuera del área metropolitana.
La discusión sobre cualquier proyecto debe darse con seriedad, con datos, con cumplimiento ambiental y con transparencia. Pero una cosa es fiscalizar y otra muy distinta es usar una parada cultural en Nueva York para exportar una agenda de bloqueo económico contra Puerto Rico. La izquierda no quiere mejorar los proyectos, quiere detenerlos. No quiere desarrollo responsable, quiere imponer su visión ideológica aunque eso signifique cerrarle puertas a comunidades que necesitan inversión, empleos y oportunidades.
Lo mismo ocurrió con las expresiones del alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, quien en un evento previo al desfile se expresó a favor de la independencia para Puerto Rico. Esa postura, aunque puede sonar cómoda en ciertos círculos izquierdistas de Nueva York, ha sido rechazada abrumadoramente por los electores en Puerto Rico.
En el plebiscito de 2024, la independencia recibió apenas una fracción del respaldo electoral, mientras la estadidad volvió a prevalecer como la opción mayoritaria entre los votos válidos. Esa es la realidad democrática que muchos en la izquierda prefieren ignorar. Hablan en nombre del pueblo puertorriqueño, pero no aceptan lo que el pueblo puertorriqueño vota.
Ese es el problema central: la izquierda pretende usar la mal llamada “diáspora” como sustituto del mandato electoral de la isla. Cuando las urnas en Puerto Rico no les dan la razón, buscan validación en escenarios externos, en congresistas de Nueva York, en alcaldes izquierdistas, en activistas profesionales y en consignas diseñadas para sonar revolucionarias, aunque no representen a la mayoría.
Puerto Rico tiene una relación profunda con Nueva York. La comunidad puertorriqueña ha sido esencial en la historia cultural, social y política de Estados Unidos. Los boricuas en Nueva York han defendido nuestra identidad por generaciones, han levantado comunidades, han preservado nuestra música, nuestra comida, nuestro idioma y nuestra bandera. Esa historia merece respeto.
Precisamente por eso, el desfile no debe convertirse en una plataforma para manipular la imagen de Puerto Rico ante el mundo. No se puede presentar como consenso nacional lo que en realidad es una agenda de minorías ideológicas. No se puede usar la bandera puertorriqueña para impulsar causas que los puertorriqueños en la isla han rechazado una y otra vez en las urnas.
La izquierda tiene derecho a expresarse. Tiene derecho a protestar. Tiene derecho a oponerse a proyectos y a defender la independencia. Pero no tiene derecho a apropiarse del nombre de Puerto Rico como si hablara por todos. Mucho menos cuando sus posturas no cuentan con el favor mayoritario de la isla.
Puerto Rico necesita desarrollo económico, inversión responsable, protección ambiental seria, empleos, infraestructura, seguridad y oportunidades. También necesita que se respete su voluntad democrática. Lo que no necesita es que desde Nueva York se pretenda imponer una narrativa fabricada por sectores que viven de la protesta, pero pocas veces ofrecen soluciones reales.
El desfile puertorriqueño debe ser una celebración de todos, no una vitrina de la izquierda. Debe unir a los boricuas, no dividirlos entre consignas partidistas. Debe honrar nuestra cultura, no convertirla en instrumento de manipulación política.
La bandera de Puerto Rico no le pertenece a un movimiento ideológico. Le pertenece a todo un pueblo. Y ese pueblo, cuando habla en las urnas, merece ser escuchado.


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