FITUR y el turismo como política pública de desarrollo económico
Cuando la presencia institucional se traduce en inversión, infraestructura y crecimiento


La Feria Internacional de Turismo (FITUR) no es un evento protocolar ni un ejercicio de relaciones públicas. Para entender el evento, se debe entender que es uno de los principales mercados globales de la industria turística. Es el lugar donde se encuentran gobiernos, inversionistas, aerolíneas, operadores y desarrolladores para negociar rutas, explorar proyectos, cerrar alianzas y definir estrategias de posicionamiento internacional. La participación de Puerto Rico en este foro responde a una meta económica clara y verificable. El propósito es competir en una industria global que requiere presencia, consistencia y visión de largo plazo.
La industria del turismo no puede analizarse de forma aislada. Es una industria que depende de múltiples variables estructurales, conectividad aérea y marítima, infraestructura, planificación territorial, acceso a capital, manejo de fondos federales, estabilidad regulatoria y coherencia en la política pública. FITUR funciona como el punto de encuentro donde esos componentes se articulan y se convierten en oportunidades para los destinos que están preparados.
Desde esa óptica, el turismo constituye un eje legítimo de desarrollo económico. Su impacto se manifiesta en la creación de empleos, la activación de pequeñas y medianas empresas, el fortalecimiento de los municipios y el aumento en la actividad económica indirecta. Integrar el turismo a una estrategia más amplia de desarrollo económico no es una aspiración, sino una práctica adoptada por los destinos que han logrado escalar su competitividad a nivel internacional.
Un elemento esencial en ese proceso es el uso estratégico de los fondos federales. Programas como los CDBG han permitido atender necesidades críticas de vivienda y reconstrucción, pero también rehabilitar comunidades, revitalizar centros urbanos y mejorar infraestructura con impacto directo en la oferta turística. Cuando estos fondos se planifican e integran a una visión de desarrollo económico, su efecto multiplicador trasciende la obra individual y se refleja en actividad económica sostenida.
La infraestructura, por su parte, es una condición habilitadora indispensable. Puertos y aeropuertos no son elementos accesorios del turismo, costituyen su columna vertebral logística. Sin conectividad aérea ni puertos modernos y funcionales, no es posible sostener el crecimiento del sector, atraer nuevas rutas ni expandir el mercado de cruceros. La inversión en esta infraestructura no es un gasto, es una inversión directa en competitividad económica.
En ese contexto, la presencia del liderato gubernamental en foros como FITUR adquiere un valor específico y medible. La participación de la Gobernadora, junto a alcaldes, legisladores y jefes de agencia, envía un mensaje inconfundible al mercado internacional, el turismo es una prioridad de política pública y cuenta con respaldo institucional. En una industria altamente competitiva, esa señal se traduce en confianza, estabilidad y disposición a invertir.
La ejecución técnica es igualmente determinante. La coordinación interagencial, la alineación con la política de desarrollo económico y una promoción basada en estrategia han contribuido a fortalecer la imagen de Puerto Rico como un destino organizado, serio y con rumbo definido. Esa percepción no se ha construido con discursos, sino con consistencia en la gestión pública.
En torno a la participación del Gobierno en estos espacios, suele surgir la crítica que reduce esta gestión a un “gasto”. Esa conclusión es el producto de una confusión básica entre costo e inversión. Quien observa el turismo desde datos y estructuras económicas entiende que la promoción internacional, la presencia institucional y la negociación directa con actores del mercado generan retornos medibles en conectividad aérea, ocupación hotelera, actividad económica y recaudos. La crítica que insiste en ver estos esfuerzos como gasto proyecta, más que fiscalización, desconocimiento de cómo se compite en una industria global.
La pregunta relevante no es cuánto cuesta estar presente, sino cuánto se dejaría de generar si Puerto Rico optara por ausentarse. Los destinos que hoy lideran el mercado internacional no lo hacen por inercia, sino porque entendieron que la visibilidad estratégica y la presencia constante son parte del costo de competir y crecer.
FITUR debe entenderse, por tanto, como parte de una estrategia más amplia de posicionamiento internacional que integra promoción, infraestructura, inversión y desarrollo económico. Cuando esos componentes se alinean bajo una política pública coherente, el resultado no es solo visibilidad, sino crecimiento real y sostenible.
El reto y la oportunidad para Puerto Rico consisten en continuar fortaleciendo esa alineación. El turismo no se impulsa con consignas ni con improvisación. Se impulsa con datos, planificación, ejecución y compromiso institucional. Esa es la diferencia entre participar y competir.

