China saca músculo tras verse obligada a librar de nuevo la guerra comercial contra EE.UU.
Ambas potencias siguen apuntándose con las armas que tienen preparadas por si las cosas vuelven a ponerse feas

Fotografía de archivo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, el pasado octubre en Busan (Corea del Sur). Foto: YONHAP

China sabía que el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca se traduciría en el recrudecimiento de una guerra comercial que nunca llegó a desaparecer con su predecesor, el presidente Joe Biden y que en 2025 ha pasado a otro nivel, con Pekín sacando músculo en bienes cuya producción controla, como las tierras raras.
El republicano había prometido en campaña que elevaría los gravámenes a los productos importados desde China a un 60 %, y acabó iniciando una escalada arancelaria que situó las tasas hasta el 145 %. Pekín respondió subiéndolas al 125 % para los bienes de Estados Unidos, lo que, durante semanas, supuso un embargo comercial cruzado 'de facto' entre las dos principales potencias económicas del mundo.
En los meses posteriores, múltiples rondas de negociaciones y treguas temporales mediante, Pekín y Washington siguieron lanzándose dardos en forma de restricciones a la exportación de bienes clave como los chips en el caso de EE.UU. o las tierras raras en el de China. Pero, por ahora, ambas economías resisten.
"No creo que (la guerra comercial) haya tenido un impacto macroeconómico significativo porque las exportaciones van bien", explicó durante una reciente conferencia Zhu Tian, codecano de la Escuela Internacional de Negocios China-Europa (CEIBS), institución con sede en la megalópolis oriental de Shanghái.
Según datos oficiales de las Aduanas chinas, las exportaciones aumentaron un 6,2 % hasta octubre, incluso pese a que las destinadas a EE.UU. -tercer mayor socio comercial tras el sudeste asiático y la Unión Europea (UE)- bajaron un 17,1 %, gracias a la búsqueda de mercados alternativos y, también, al 'trasbordo' de mercancías a través de otros países.
Un largo divorcio
Preguntado por EFE, Zhu descarta que los aranceles estadounidenses hayan tenido un efecto devastador para una economía china más aquejada por cuestiones internas: "Han hecho daño, pero no mucho. Otros países también tienen que pagarlos".
Lo que sí avanza el académico es que, "más adelante", la guerra comercial podría tener efectos en cuestiones estructurales como la "reorganización" de sectores, cadenas de suministro o elección de socios comerciales.
A finales de octubre, Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, firmaron una tregua comercial de un año, acordando rebajas de aranceles, pausas a algunos controles de exportación o a las tasas portuarias que se habían impuesto mutuamente, el relanzamiento del comercio agrícola o incluso una visita del mandatario estadounidense al país asiático en 2026.
Sin embargo, muchos analistas coincidieron en que estos pactos no solventaban las brechas subyacentes que realmente dividían a ambas potencias, y apuntaron a la falta de progresos en asuntos clave como los chips, Taiwán o las tierras raras.
Así, Julian Evans-Pritchard, de la consultora británica Capital Economics, insistió en que esto "no es un reinicio fundamental de las relaciones" y en que "ambas partes seguirán apostando por desacoplarse" incluso pese a que la tregua se mantenga o a que se diese un acuerdo definitivo que, en su opinión, no sería más que un "refrito" del firmado en el primer mandato de Trump (2017-2021).
El mundo se fractura
El analista asegura que, con esta tregua, Pekín gana tiempo de nuevo "para desacoplarse a su propio ritmo" ante un panorama en el que la alternativa es todavía más tensión con Washington, pero incide en su pesimismo acerca de la posibilidad de que un acuerdo evite que el mundo siga "fracturándose en dos bloques rivales centrados en China y Estados Unidos".
Uno de los pilares en los que se sustenta la teoría de Evans-Pritchard y su compañera Leah Fahy es que Pekín ha utilizado las tierras raras, minerales clave para sectores como automoción o defensa y cuya producción controla China, como herramienta de presión: "China ha dejado claro que está dispuesta a emplear las tierras raras como arma".
De hecho, pese a que Pekín prometió suspender las fuertes restricciones adicionales impuestas en octubre a la exportación de esos materiales, Capital Economics cree que aquello equivalió a enseñar las cartas y que Washington ha tomado nota, como muestran sus recientes acuerdos con Australia, Japón, Tailandia y Malasia.
Los expertos creen que la tregua garantiza al menos unos meses de "calma relativa", pero también recuerdan que Washington busca reducir su dependencia de China en sectores como astilleros, mientras que Pekín reiteró recientemente, en las líneas maestras del plan que regirá su economía hasta 2030, su apuesta por la autosuficiencia tecnológica o por una menor vinculación al dólar.
Mientras tanto, ambas potencias siguen apuntándose con las armas que tienen preparadas por si las cosas vuelven a ponerse feas: Pekín, con baterías o más minerales clave; Washington, con chips, software, las cadenas de suministro del sector aviación o su dominio sobre el sistema financiero global.
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