Ciudadanía americana, puertorriqueñidad por excelencia
“Hoy, celebramos 109 años de nuestra ciudadanía, ¡hoy celebramos nuestro derecho inalienable a la igualdad!“


El dos de marzo de 1917 quedó sellado con pacto permanente el derecho de los puertorriqueños a la igualdad. Desde ese día y para siempre, a manera de derecho inalienable todos los nacidos en el archipiélago borincano pueden heredar su ciudadanía estadounidense -su ciudadanía americana- a sus hijos y éstos a su vez a los suyos, en un ciclo sin fin, tal y como sucede en los Estados Unidos continentales.
Claro, como todos los derechos reconocidos en legislación federal, éste es opcional, pues desde la propia ley original se permitió que todo aquel que no deseara ser ciudadano de Estados Unidos podía, “bajo juramento” renunciar al derecho que le quedó concedido por la Ley Jones-Shafroth de 1917.
Pero la ciudadanía americana está tan intrínseca e inseparablemente vinculada a nuestra identidad puertorriqueña que hoy, de los más de 338 millones de estadounidenses en el mundo, más de 8 millones se identifican como puertorriqueños. Sean nacidos en Anchorage, Alburquerque, Las Marías o Nueva York, estas personas que se identifican con la mono estrellada no han dejado ni dejarán de ser estadounidenses. Y es que el advenimiento del derecho a ser tan americanos en la Isla como en el continente, aún con las diferencias que podamos tener con el resto -o con algunos- de nuestros conciudadanos, nos garantizó una calidad de vida y una promesa de prosperidad tan y tan poderosa que nos convertimos en la “envidia asociada” de toda América Hispanoparlante.
En aquella época unos cuantos cientos prefirieron mantener su derecho a no ser ciudadanos de Estados Unidos de América. Hoy, son proporcionalmente menos, como son menos y menos los puertorriqueños que reniegan de su ciudadanía y que prefieren que nuestro destino como Pueblo no esté maridado perenemente a nuestra cualidad de americanos. Y desde luego, todo ciudadano estadounidense que no quiera su ciudadanía tiene perfecto derecho a renunciarla.
Lo único que tiene que hacer es presentarse en el consulado o embajada de su país de preferencia y teniendo 18 años o más, entregar todos sus documentos, llenar el formulario de juramento y pagar los $2,350 del proceso. Y ya, así de sencillo lo pone el Departamento de Estado de nuestra nación. Pero sabemos que la mayoría absoluta de los que critican nuestro derecho a la igualdad, como estadounidenses, no sólo disfrutarán de este feriado concedido por ley, desde la conmemoración del centenario de nuestra ciudadanía, sino que no van a renunciar a ella.
Hoy, celebramos 109 años de nuestra ciudadanía, ¡hoy celebramos nuestro derecho inalienable a la igualdad! A quien no le guste, que llene el formulario y que renuncie a su ciudadanía. De lo contrario, todo acto en contra de la decisión de la mayoría y de su propio derecho a la igualdad, que desde hoy y para siempre, sea considerado hipocresía.


