Régimen dictatorial venezolano insiste en Maduro tras su captura
Lejos de proyectar fortaleza, el mensaje de Delcy Rodríguez deja al descubierto a un poder atrincherado, desconectado de la realidad y cada vez más aislado

Fotografía de archivo de la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez. Foto: Ronald Pena R

La “vicepresidenta ejecutiva”, Delcy Rodríguez, insistió que el dictador Nicolás Maduro es el “único presidente” del país, horas después de que este fuera capturado por fuerzas militares de Estados Unidos durante un operativo ejecutado en Caracas y otras regiones estratégicas.
En una alocución obligatoria transmitida por radio y televisión —una práctica recurrente del aparato estatal venezolano— Rodríguez exigió la “inmediata liberación” de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, insistiendo en una narrativa de victimización que contrasta con años de denuncias internacionales por violaciones a derechos humanos, corrupción sistemática y colapso institucional.
Consejo de defensa: el poder atrincherado
La “vicepresidenta” encabezó un consejo de defensa integrado por las principales figuras del régimen: el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez; el fiscal general, Tarek William Saab; la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Caryslia Rodríguez; el ministro del Interior, Diosdado Cabello; y el alto mando militar de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), entre otros. La imagen proyectada fue la de un poder cerrado, sin espacio para la autocrítica ni para reconocer el rechazo popular e internacional que pesa sobre el chavismo.
Rodríguez calificó la acción estadounidense como una “agresión” que “viola flagrantemente” la Carta de las Naciones Unidas, omitiendo cualquier referencia a los reiterados señalamientos contra el régimen por crímenes transnacionales, vínculos con el narcotráfico y la erosión del orden democrático en Venezuela.
Llamado a la “calma”: retórica conocida, país exhausto
En su mensaje, la funcionaria exhortó al pueblo venezolano a mantenerse en calma y a unirse en una supuesta “fusión policial, militar y popular”. Sin embargo, para amplios sectores de la ciudadanía, ese discurso representa más de lo mismo: un llamado a cerrar filas en torno a un régimen que ha llevado al país a una de las peores crisis económicas y humanitarias del hemisferio.
Rodríguez también afirmó que el gobierno está “listo para defender los recursos naturales” para el “desarrollo nacional”, una afirmación que choca con el deterioro profundo de la industria petrolera, saqueada por años de mala administración, sanciones y corrupción.
Washington mueve ficha y habla de transición
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump confirmó que, tras la captura de Maduro, su administración asumirá un rol directo en el proceso de gobernanza transitoria del país. Según explicó, el liderazgo de esa transición recaerá en su equipo de seguridad y política exterior, incluyendo al secretario de Estado Marco Rubio, quien ya habría sostenido conversaciones iniciales con la vicepresidenta venezolana.
Trump adelantó además que empresas petroleras estadounidenses invertirán “miles de millones de dólares” para rehabilitar la infraestructura energética venezolana, actualmente en condiciones críticas, lo que marca un giro significativo frente a años de parálisis y deterioro bajo el chavismo.
Un régimen que niega la realidad
Mientras el mundo observa un posible punto de inflexión para Venezuela, el régimen insiste en aferrarse a un libreto gastado: cadenas obligatorias, discursos de soberanía y llamados a la unidad, todo ello sin responder por el colapso del país ni por el sufrimiento de millones de venezolanos dentro y fuera de sus fronteras.
Lejos de proyectar fortaleza, el mensaje de Delcy Rodríguez deja al descubierto a un poder atrincherado, desconectado de la realidad y cada vez más aislado, en un momento en que el futuro político de Venezuela parece definirse fuera del control del chavismo.



